Dolor de cabeza o migrañas (sobre todo por tensión en cuello y hombros).
Gastritis, acidez o colon irritable (el estómago es súper sensible al estrés).
Insomnio o sueño poco reparador (te duermes tarde o despiertas cansado).
Palpitaciones o sensación de “corazón acelerado” sin razón clara.
Tensión muscular (mandíbula apretada, hombros duros, espalda cargada).
Bajón de defensas (resfriados seguidos o sensación de estar “siempre débil”).
Cambios en el apetito (antojos intensos o pérdida del hambre).
Cansancio mental (falta de concentración, olvidos, irritabilidad).
Respiración 2 minutos: inhala 4 seg, exhala 6 seg. Repite 8 veces
Camina 10–15 min después de comer o al finalizar el día.
Baja pantallas 30 min antes de dormir (es lo que más cambia el sueño).
Agua + comida real: a veces el estrés empeora por deshidratación y exceso de azúcar.
Pon límites pequeños: una cosa a la vez, una pausa corta, un “mañana lo veo”.
Cuándo sí conviene consultar
Si los síntomas duran más de 2 semanas, si afectan tu vida diaria o si aparecen señales fuertes (mareos, dolor de pecho, presión muy alta, falta de aire), lo correcto es evaluarte.